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Día de muertos – Michoacán

El día de muertos es una de las celebraciones que más caracteriza a los mexicanos, dime, ¿quién más celebra a los muertos con los muertos?

Mis deseos de asistir a esta celebración ya estaban acumulados desde hace varios años y se venían magnificando desde que me mude a la frontera, porque has de saber que aquí ese día pasa un poco desapercibido.

En mi caso decidí disfrutar este día en Michoacán, ya que Pátzcuaro tiene fama de ser uno de los pueblos de México con los festejos más auténticos, tienes que saber que el día de Muertos no es un festival, es decir que no se trata de una serie de eventos planeados por la Secretaria de Turismo ni nada por el estilo; vivir el día de muertos es ver de primera mano como los grupos indígenas que mantienen viva la tradición, montan sus ofrendas, decoran las tumbas de sus muertos y esperan la visita de sus muertos para bailar, comer y festejar con ellos. A toda esta tradición los gobiernos se aúnan y montan desfiles, concursos, exposiciones, amenidades en vivo, etc., pero el festejo medular de esta tradición es observar la idea genuina de festejar en vida a nuestros seres queridos que vienen del otro lado para recordarlos.

Un poquito de historia

El día de muertos fue declarado por la UNESCO (La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha declarado este festejo como Patrimonio Cultural Inmaterial. Su origen es una mezcla de rituales religiosos católicos e indígenas (mexicas, mixtecos, zapotecas, tlaxcaltecas, totonacas, etc.).

El día de muertos representa el regreso de las animas de los difuntos al mundo de los vivos para convivir con sus familiares y amigos y para disfrutar del alimento que los vivos les ofrecen a través de las ofrendas colocadas en su honor.

Centro de Pátzcuaro, Michoacán

LA OFRENDA

Las ofrendas cuentan con varios elementos que tienen un especial significado, trataré de resumirte un poco sobre ellos.

El agua. Se ofrece a las ánimas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido.

Velas y veladoras. Los antiguos mexicanos utilizaban rajas de ocote. En la actualidad se usa el cirio en sus diferentes formas: velas, veladoras o ceras. Las velas fungen de guía, por lo que a veces forman una cruz que representa los 4 puntos cardinales, en otras ocasiones representan el número de personas que la familia quiera recibir. Si la luz es morada es señal de duelo.

Copal e incienso. El copal era ofrecido por los indígenas a sus dioses, el incienso llegó con los españoles. Estos elementos representan oración. Se utiliza para limpiar al lugar de los malos espíritus y así el alma pueda entrar a su casa sin ningún peligro.

Las flores. Son símbolo de la festividad. Usualmente se colocan caminos con pétalos para guiar el difunto hasta la ofrenda. La flor amarilla del cempasúchil (Zempoalxóchitl) deshojada, es el camino del color y olor que trazan las rutas a las ánimas.

El izcuintle. Este se coloca en las ofrendas par los niños, es el perrito para que las ánimas de los pequeños se sientan contentas al llegar al banquete. El perrito ayuda a las almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán.

El retrato del recordado sugiere el ánima que nos visitará, pero este debe quedar escondido, de manera que solo pueda verse con un espejo, para dar a entender que al ser querido se le puede ver pero que ya no existe.

Alimentos los cuales tienen por objeto deleitar al ánima que nos visita.

Las calaveras de azúcar medianas son alusión a la muerte siempre presente.

 

¿qué DíAS DEBE FESTEJARSE?

Originalmente los días en que se recibían a los muertos eran los siguientes, sin embargo, con la influencia española se redujo a solo 1 y 2 de noviembre

28 de octubre a los que murieron a causa de un accidente

29 de octubre a los ahogados

30 de octubres a los olvidados, que no tienen familia que los recuerde

El 31 de octubre a los que están en el limbo, es decir a los que nunca nacieron

El día 1 de noviembre se festeja a los muertos pequeños, es decir que se espera recibir a los niños que fallecieron; sus ofrendas usualmente tienen todo pequeño, las flores son blancas en símbolo de pureza y la comida no lleva picante ya que a ellos podría no gustarles.

El 2 de noviembre es el día de los muertos adultos.

¿Dónde observar la festividad?

Esta es la parte interesante, si puedes, evita por completo hacerlo en Pátzcuaro y/o Janitzio, las masas de gente opacaran tu experiencia, no digo que no valga la pena, simplemente que no podrás apreciar nada, las filas para ir a Janitzio, las filas para comprar alimentos, las horas que tardaras en llegar al sitio, no te dejaran observar y disfrutar de este momento.

En mi caso decidí ir a Tzintzuntzán; aunque también es muy visitado me permitió tener un poco más de movilidad. Tzintzuntzán fue la capital del imperio purépecha y tiene una zona arqueología muy bella que podrás apreciar, además por la noche del 1 o 2 de noviembre puedes observar una exhibición del juego de pelota. Todo el programa de las actividades que ofrece el estado es publicado un par de semanas antes de la festividad en la página del gobierno del estado de Michoacán.

Dado que Marco y yo no pudimos planear mucho el viaje nos hospedamos en Morelia, tomamos un autobús en dirección a Pátzcuaro alrededor de las 5 de la tarde, ese fue el error numero 1 ya que para esa hora entrar a Tzintzuntzán era un caos , esperamos unos 40 minutos y conseguimos subir a una combi para dirigirnos por fin a nuestro destino. El tráfico era tan intenso que ya cerca a la llegada decidimos bajar y caminar por nuestra cuenta, estaba lloviendo un poco y hacia frío, pero era parte de la aventura, finalmente al llegar entendimos porque llegar a esa hora y en carro era un error, es un pueblo muy pequeñito con dos carriles, uno para entrar y otro para salir, era imposible llegar y encontrar un lugar para estacionarse, estaba sobre ocupado.

Después de esta pequeña travesía llegamos al panteón. El panteón de Tzintzuntzán estaba bellísimo en su máximo esplendor, la decoración y ofrendas de las tumbas eran preciosas, los arcos, flores e incienso daban la entrada a otro mundo. Tratamos de no pisar las tumbas, de no estorbar a los familiares que aun ponían los últimos arreglos en el panteón y de no invadir los espacios, recordemos que estamos ahí para observar, no para infiltrarnos, es un momento muy familiar.

Me quede detenida en un par de tumbas, en una de ellas me impacto el número de velas en forma de cruz, imaginaba el cariño que tena la familia por el difunto, había mucho trabajo y horas de dedicación en esa preciosa decoración, me detuve en otra donde toda la familia vestía ropa típica, habían rentado una banda, niños de 4-5 años hasta adultos de mayor edad bailaban al ritmo de la música alrededor de la tumba, seguramente pidiendo canciones que hubieran querido escuchar sus familiares,  la familia bebía mezcal mientras daba la vuelta a la tumba sin dejar de bailar, reír y sonreír ya que estaban en una gran fiesta.

Seguí caminando y vi otras tumbas preciosas con solo un par de familiares, no en todos los casos la familia era numerosa, en algunas tumbas platicaban y contaban chistes, en otras tenían grandes ollas de barro con café donde bebían y platicaban de experiencias, en todos los casos nuestros muertos eran los protagonistas

Algunas tumbas me daban la sensación de melancolía, imagino que no para todos era posible sonreír, pero lo que si caracterizaba a todos era que estaban ahí recordando a la gente que querían.

 

Una vez saliendo del panteón comimos todo lo que pudimos, que por cierto olvidamos sacar dinero del cajero así que llevábamos 300 pesos para salir de ahí y regresar hasta Morelia (Donde habíamos decidido hospedarnos), cenar y tomar algo, pensé que no lo lograríamos, sin embargo, cenamos pozole, tamales, pan, bebimos café, atole y llegamos a Morelia y aun nos sobro dinero.

Observamos un par de danzas ofertadas como exhibición, visitamos la zona arqueológica y nos decidimos a partir, aquí comenzó otra aventura, a veces olvidaba que estaba en una pequeña comunidad, no hay transporte, no hay vialidades, eran ya la 1:·30 de la mañana aproximadamente; sin saber que hacer Marco y yo decidimos caminar en la carretera y pedir «aventón» nuevamente, aquí las cosas se complicaron más porque no está diseñado para que haya transporte público toda la noche, tuvimos muchísima suerte y pudimos conseguir espacio en otra combi que transportaba a varios locales que llevaban a otros pueblos aledaños.

El recorrido fue una aventura, Marco es muy alto y las combi aparte de su reducido tamaño estaba llenísima, prácticamente era un gigante encerrado en 4 paredes, la pose que tenía que tomar para poder entrar era hilarante, todo el camino reíamos, la gente del transporte hacia comentarios de las desventajas de ser alto, hacía calor, parecíamos enlatados, mi cuerpo daba a el cristal que separaba la cabina del piloto y la de los pasajeros, la acabe rompiendo de la presión (menos mal fuer muy comprensibles y no tuve que pagarla, al final había sido si intención), afortunadamente llegamos a Pátzcuaro después de un largo recorrido que se triplico en tiempo esperado; bajamos antes de llegar al centro donde tomamos nuestro autobús de vuelta a Morelia.

La noche del 31 de octubre al 1 de noviembre y del 1 de noviembre al 2 hay transporte 24 horas de Morelia a Pátzcuaro.

Al otro día el 2 de noviembre, decidimos ir a Janitzio y Pátzcuaro, es fue la mejor decisión, pudimos subir hacia el monumento a Juárez, caminar en la isla, comer como cochinitos en cada lugar que podíamos, correr como niños a través de los cientos de escaleras que existen para subir a la cumbre de la isla y tomarnos una cerveza al ritmo de la música que ofrecían los locales. Al atardecer regresamos a Pátzcuaro, donde comimos un poco más y al final regresamos a Morelia.

Consejos

Si deseas apreciar esta festividad te recomiendo hacerlo en los pueblos aledaños a Pátzcuaro, pero descarta completamente este lugar o Janitzio de tu plan y si es que decides hacerlo llega con días de anticipación, no lleves auto y asegúrate de reservar hospedaje ahí mismo para que regreses caminando a tu hotel, es imposible que llegues con automóvil.

En muchos lugares el hospedaje se reserva con un año de antelación

Si te gusta la fiesta ve a Janitzio, solo si estás dispuesto a pasar toda la noche al aire libre ya que no encontraras hospedaje y tampoco podrás regresar a Pátzcuaro durante la noche ya que no hay lanchas 24 horas. Pregunta en el puerto el horario que tienen.

Si te hospedas en Morelia trata de llegar a cualquiera de los pueblos que elijas desde temprano, estar allá a las 12-2 de la tarde, pues después de esta hora será caótico que logres llegar.

Abrígate y lleva buena actitud, no es un viaje de placer, las multitudes te cansan, sin embargo, la visita valdrá la pena

Respeta, recuerda que hay gente esperando a sus familiares para festejar con ellos, no es una fiesta publica donde puedes interferir con los festejos

Beber en Janitzio no es el festejo del día de muertos, desafortunadamente mucha gente va con este fin a la isla, tampoco está mal si evitas molestar a las familias en el cementerio, no desvirtuemos el festejo.

Mis impresiones

Llegue a este lugar pensando que entendía el festejo, sin embargo, no fue hasta que me dedique a observar a las familias que sentí que por fin entendía la festividad. Recordé a la gente que quería que no tenía cerca, incluyendo a mis mascotas y sentí que había perdido contacto con todos ellos (por supuesto porque ya no estaban vivos), sin embargo fue ahí donde pensé que me había alejado de su recuerdo por deseo propio, ellos podían estar tan cerca de mi como yo deseara, podía recordarlos nuevamente y conectar con ellos si yo los traía en memoria.

Ahí entendí que les debía un momento y que me debía una oportunidad de recordarlos, al final yo era la que podía traerlos de vuelta a este mundo y sentir que los tenía cerca. Creo que este festejo además de tener una connotación de festejo a nuestros muertos tiene un sentido lleno de vida, no solo se trata de traerlos de vuelta si no de sentirnos agradecidos en vida por lo que esas personas representaron en la nuestra.

Ame esta visita, pase frío y cansancio pero me recordó lo importante que son esta clase de tradiciones, son algunas de las cosas que nos dan humanidad, tradición e historia, no podría haber deseado estar en otro lugar ese día más que ahí, viendo como los colores y los olores se mezclaban con la música y los alimentos para dar paso a los sentimientos humanos que nos hacen sentir  cercanía, amor, hermandad y melancolía, mi vista se llenó de belleza con el amarillo de las flores y mi alma se llenó de energía con el agradecimiento de poder estar ahí recordando a los que ya se fueron…

 

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